La mediación: El Templo de la Concordia frente al Azar de la Litis

Gloria Calderon. Procuradora y Mediadora
Durante décadas, el acceso a la justicia en nuestro país se ha asemejado, peligrosamente, a la compra de un boleto en la Lotería Primitiva. La ciudadanía, en busca de su ansiada y legítima tutela judicial Efectiva que recoge nuestra Carta Magna (Art 24 CE), depositaba su conflicto en el bombo judicial, confiando en que el azar de la Máquina de la justicia, de los tiempos procesales, la variabilidad de criterios legítimos de Sus Señorías y el desgaste emocional, le devolvieran, años después, una solución que rara vez coincidía con su concepción sobre “lo justo”.
Sin embargo, la Ley Orgánica 1/2025, de 2 de enero, de medidas en materia de eficiencia del Servicio Público de Justicia, viene a cambiar las reglas de este juego de azar. No solo modifica el modus operandi del acceso a la Justicia, sino que otorga el protagonismo de esta al justiciable. En su Título II, eleva los Medios Adecuados de Solución de Controversias (MASC) de la categoría de «alternativa voluntaria» a la de requisito de procedibilidad. Ya no se trata de una opción, sino del paso obligado antes de desplegar las armas ante los nuevos Tribunales de instancia.
Las Cariátides del Conflicto: El Símbolo del Erecteion
Desde la praxis profesional de la mediación, se infiere que el cambio de paradigma que introduce la LO 1/2025 trasciende la mera reforma procesal. Para hallar una analogía fidedigna de esta nueva configuración, debemos acudir a la arquitectura del Erecteion en la Acrópolis ateniense. Las Cariátides nos muestran que el pilar de una estructura puede tener rostro humano; del mismo modo, la mediación supera la rigidez del litigio, se erige en un friso de concordia que garantiza no solo la celeridad en la resolución del problema, sino en dotar de humanidad y mejorar la salud emocional de una ciudadanía que recupera las riendas de su propia justicia
Las Cariátides representan la firmeza de la voluntad de las partes. En mediación, las personas dejan de ser meras espectadoras pasivas de su propia tragedia para convertirse en verdaderas arquitectas de la construcción de la solución de su conflicto. Como las figuras del Erecteion, que soportan el peso con dignidad y equilibrio, la mediación invita a las personas a mirar sus propios conflictos de frente y a buscar una solución idiosincrática que una sentencia impuesta por un tercero rara vez lograría alcanzar. Supone el basamento que permite que el edificio de la comunicación y de la palabra no se desplome bajo el peso de una litigiosidad insostenible. Ya en el Preámbulo de dicha ley se nos dice que, antes de entrar en el «templo de la justicia», debemos transitar por el «templo de la concordia».
La mediación: Un Templo para la Disputa y la Convivencia
El Erecteion no es un templo convencional. A diferencia del Partenón, no se dedicó a una sola divinidad, sino que albergaba varios santuarios bajo un mismo techo: Atenea, Poseidón, Zeus y los reyes míticos Erecteo y Cécrope. Fue construido sobre el terreno donde, según la leyenda, Atenea y Poseidón mantuvieron su célebre disputa por el patronazgo de la ciudad. Agrupaba a las reliquias más sagradas y contradictorias de los atenienses.
Esta es la esencia de la mediación, un espacio capaz de albergar diferentes «verdades». En una sala, como en el templo griego, donde conviven el «tridente» de la confrontación y el «olivo» de la paz. Es una invitación para a construir sobre el terreno del conflicto un santuario donde las personas, a pesar de sus diferencias, compartan un mismo techo que cobije, sus palabras para obtener ideas constructivas y soluciones factibles con la ayuda experta del mediador.
La ciudadanía como arquitecta y los mediadores como Maestros de Obra
Si el Erecteion es el símbolo del espacio donde conviven las diferencias, la labor del mediador debe entenderse a través de la arquitectura en la que el ciudadano recupera los planos y se erige en el único arquitecto.
Nuestra labor no consiste en imponer el diseño, sino actuar como maestro de obra que asegura la viabilidad del proyecto. Mientras las partes —los arquitectos— definen dónde quieren las ventanas para que, entre la luz tras el conflicto, o cómo quieren cimentar sus relaciones futuras, la persona mediadora aporta los conocimientos, garantiza que los materiales sean sólidos y vigila que el diseño final sea armónico y resistente al paso del tiempo.
Esta perspectiva de «construcción» es la que dota de alma al requisito de procedibilidad. No estamos ante un trámite, sino ante un estudio de arquitectura social moderna. La abogacía que interviene en el asesoramiento del proyecto asegura que el plano diseñado por su cliente cumpla con los estándares de rigor y seguridad jurídica, siendo pieza clave dentro de la estructura monumental que busca éxitos personalizados.
La Oportunidad de la Autonomía: Un requisito que empodera a las personas
¿Por qué es una oportunidad? Porque elimina el factor «azar». En la vía jurisdiccional, el control sobre el resultado es nulo; en la mediación, el control es absoluto. Las partes recuperan la capacidad de decidir sobre lo que les pertenece, basándose en la buena fe y la confidencialidad.
Es vital comprender que este nuevo requisito de procedibilidad no es una «traba burocrática», sino un escudo, máxime cuando la ley protege este proceso: la solicitud de mediación interrumpe la prescripción y suspende la caducidad, asegurando que el tiempo dedicado al diálogo no sea tiempo perdido (Art 7 LO 1/2025).Es, en definitiva, una invitación a reconocer que el conflicto no tiene por qué ser una guerra de aniquilación sino una oportunidad para reconstruir sobre las cenizas algo más complejo, diverso y resistente.
Hoy, la mediación nos invita a dejar de jugar a la lotería con nuestras vidas y a empezar a sostener, con la cabeza alta y la palabra por bandera, el basamento de nuestra propia convivencia. La ley nos abre la puerta. Es nuestra responsabilidad, como profesionales y ciudadanos, cruzar el umbral del templo de la concordia.
Porque solo aquello que nosotros mismos sostenemos, tiene la fuerza necesaria para perdurar en el tiempo. El Erecteion sigue en pie después de milenios porque sus columnas humanas supieron distribuir las cargas con armonía.